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Si estoy bajo tratamiento farmacológico, ¿es necesario que renuncie a conducir?

Si estoy bajo tratamiento farmacológico, ¿es necesario que renuncie a conducir? Esta pregunta no solo es habitual por incluirse dentro de los test de la DGT, sino también porque son muchas las personas que se la hacen. Yendo al grano, la respuesta es que no. Estar bajo tratamiento farmacológico no implica que no puedas conducir, que esté prohibido.

Sin embargo, sí deberías leer con atención el prospecto y consultar con el médico cuales son los efectos que podría causar. Infórmate bien de cuáles son los efectos secundarios que causa este tratamiento y de qué manera podrían afectar a la conducción. Bajo ningún concepto te automediques, reduzcas la dosis o dejes de tomar la medicación, ya que esto lejos de ayudar podría desembocar en problemas mayores. Y por supuesto, nunca los mezcles con otras sustancias y mucho menos con alcohol, aunque la cantidad no supere la tasa mínima permitida.

Pero, en efecto, los tratamientos farmacológicos pueden afectar a la conducción y por eso es muy importante ser consciente de todos los efectos que podría provocar. Aunque por lo general no suele haber problemas, existen casos en los que no es recomendable conducir bajo los efectos de un medicamento, ya que podrían afectar a los reflejos, provocar somnolencia o afectar el estado físico y mental.

Conducir bajo los efectos de un medicamento, ¿está permitido?

Ahora bien, ¿conducir bajo los efectos de un medicamento está permitido? Parece la misma pregunta pero realmente hay un matiz importante. Y es que no es lo mismo estar bajo tratamiento farmacológico que estar sufriendo alguno de los efectos de este medicamento.

Según la Organización Farmacéutica Colegial, uno de cada tres medicamentos puede interferir en la capacidad de conducción. Tal y como informó en julio del año pasado, el 32,5% de los medicamentos, cerca de 5.800, incluyen una representación que avisa al paciente de que su ingesta podría dar lugar a efectos secundarios. Resulta bastante llamativo el hecho de que el 17% de los conductores haya declarado estar bajo tratamiento farmacológico, pero tres de cada cuatro no están informados sobre los efectos secundarios.

Por tanto, aunque no exista una prohibición expresa para conducir bajo los efectos de un medicamento, es absolutamente recomendable no hacerlo al mínimo indicio de estar sufriendo indicios. Conducir con somnolencia, menos reflejos, visión borrosa o hiperactividad son algunos de los efectos secundarios. Por eso, desde Go! Autoescuelas y a título personal, te pedimos que no conduzcas bajo efectos de un medicamento porque podría suponer un grave peligro para ti y el resto de los ciudadanos.

Medicamentos que más afectan a la conducción

  • Medicamentos que afecten al sistema nervioso central, como son los ansiolíticos, antidepresivos, antipsicóticos o hipnóticos, entre muchos otros.
  • Antihistamínicos, tratamiento habitual para quienes sufren alergias, aunque los nuevos medicamentos como la loratadina, cetirizina o mizolastina tengan efectos muy leves.
  • Cualquier tipo de relajante muscular.
  • Algunos tipos de colirio podrían desembocar en borrosa o alteración de la percepción de las distancias.
  • Un número importante de antineoplásicos e inmunomoduladores, por ejemplo, para impedir la proliferación de células tumorales malignas.

Cuando tomo medicinas que afectan al sistema nervioso, ¿qué debo hacer para conducir?

Los antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos, antipsicóticos, etc. actúan directamente sobre el sistema nervioso central (SNC). Todos estos fármacos son depresores del SNC y la mayoría aumentan la actividad del ácido gamma-aminobutírico, una sustancia química que inhibe la actividad cerebral.

Entonces, ¿qué efectos tiene tomar antidepresivos, ansiolíticos o hipnóticos? Resulta bastante frecuente que quien toma estos medicamentos sienta somnolencia y una falta importante de coordinación, sobre todo los primeros días. Si el tratamiento se alarga durante más tiempo, el organismo suele ajustarse a estos efectos secundarios. Además de las consecuencias típicas que mencionábamos, como somnolencia o falta de coordinación, pueden provocar problemas en el habla, confusión, dolores de cabeza, mareos y ciertos problemas de memoria o en la movilidad.

¿Qué debo hacer para conducir? Como venimos mencionando previamente, antes de ponerse al volante es importante consultar con el médico si estamos en condiciones de conducir. Muchas veces bastará con solicitar una consulta telefónica, pero es importante que si sientes efectos secundarios, no seas tú quien te auto-diagnostiques si no tienes los conocimientos necesarios para ello.

Un enfermo crónico, ¿debe evitar conducir?

No, un enfermo crónico no debe evitar ni dejar de conducir por el mero hecho de serlo. Tener una enfermedad crónica no incapacita a nadie para poder ponerse al volante, aunque sí es necesario tener en cuenta algunas consideraciones. Por lo general, los enfermos crónicos suelen estar bajo tratamiento farmacológico constante o intermitente. Esto significa que deberá consultar con el médico los posibles riesgos para la conducción y saber cuáles son los efectos secundarios del medicamento.

Ahora bien, nunca debería suspender o variar la medicación cuando vaya a conducir, ya que esto podría dar lugar a graves problemas de salud, ni mucho menos ignorar los síntomas.

Paralelamente, y al margen de los efectos causados por la medicación, es conveniente que el enfermo crónico conozca cómo afecta su enfermedad a los reflejos, movilidad y otras capacidades necesarias para conducir. Por este motivo, es recomendable abstenerse de conducir en los momentos de graves crisis de salud.

¿Se puede conducir con tratamiento de quimioterapia?

Para responder a si se puede conducir estando bajo un tratamiento de quimioterapia es importante tener muy en cuenta que ni todos los pacientes son iguales ni todos los tratamientos lo son. Por tanto, en los pacientes con cáncer hay que individualizar y analizar cada caso con especial atención.

Los pacientes con cáncer suelen verse limitados a la hora de conducir debido a los fuertes efectos que provocan los tratamientos. Pero existen otros efectos irreversibles que pueden persistir en el tiempo, como la neuropatía periférica. Se trata de una alteración de la sensibilidad que se nota en forma de una especie de hormigueo en los dedos y en los pies y que podría suponer una dificultad a la hora de sentir los pedales o el embrague.

En cuanto a la renovación u obtención del permiso de conducir, las personas que estén pasando o hayan pasado por un cáncer podrán hacerlo siempre que no estén pasando por procesos oncológicos, debido a los efectos secundarios. Además, si el cáncer afecta al cerebro en forma de metástasis, carcinomatosis meníngea o similares, no podrá renovarse u obtener el carnet hasta haberlo superado. Asimismo, no podrá padecerse una neuropatía periférica de grado 2 o superior.

Los pacientes con cáncer deberán aportar un informe oncológico en el que acredite que se cumplen las condiciones mencionadas en el párrafo anterior para poder obtener o prorrogar el permiso un año. En caso de que la enfermedad haya sido superada y no se esté recibiendo un tratamiento, el periodo de vigencia será como máximo de cinco años.

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